
Estimados amigos.
Como comprenderéis, al hombre cabreado le interesa la economía global y más en estos momentos de crisis galopante... y es que si hay crisis, hay menos cerveza, y eso rompe uno de los principios básicos del hombre cabreado y claro, se cabrea.
Menos mal que el primer presidente negro de Estados Unidos, descendiente de un pueblo perdido de Nigeria y con abuelos musulmanes nos va a salvar a todos de la hecatombe. Si, lo que estáis oyendo... nos va a pagar las hipotecas, nos subirá pensiones y becas predoctorales. Hará bajar el precio del crudo y mientras con una mano combatirá el efecto invernadero, con la otra eliminará de un plumazo las guerras mundiales. No os preocupéis pequeños, todavía le quedarán las dos piernas para, saltando repetidas veces sobre una turbina mecánica, genere la suficiente energía como para dejar de depender de la energía nuclear. Lamentablemente... esta plena dedicación ocasionará que solo le quede el culo para ocuparse de los verdaderos problemas de la gente de a pie: proporcionarnos un mundo mejor donde vivir (incluyo aquí dispensar cerveza a discreción) con lo cual y como comprenderéis tengo motivos para estar cabreado.
Quiero dejar constancia no obstante, antes de que me llaméis racista o xenófobo (el hombre cabreado no es ni lo uno ni lo otro), que un presidente rubio, cristiano, evangelista, cienciólogo, maradoniano, budista o judio, nacido en California, en Mongolia o en Palencia... utilizaría igualmente el culo para ocuparse de nosotros. Eso sí, el color del culo de cada uno y lo mullido de su pelumbrera sería diferente. Personalmente prefiero un culo blanco y bien peludo para que se ocupe de mi, pero para gustos... marcas de cerveza.
Pero bueno, dejemos elegir a cada uno el culo que quiere como presidente, yo no quiero ser protagonista de esta historia y dejo en palabras de uno de mis más admirados hombres cabreados lo que pienso respecto a la economía global.
Es del 15 de noviembre de 1998
LOS AMOS DEL MUNDO
Arturo Pérez-Reverte
Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.
Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.
Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
Amén don Arturo.
Un cabreado más.
Como comprenderéis, al hombre cabreado le interesa la economía global y más en estos momentos de crisis galopante... y es que si hay crisis, hay menos cerveza, y eso rompe uno de los principios básicos del hombre cabreado y claro, se cabrea.
Menos mal que el primer presidente negro de Estados Unidos, descendiente de un pueblo perdido de Nigeria y con abuelos musulmanes nos va a salvar a todos de la hecatombe. Si, lo que estáis oyendo... nos va a pagar las hipotecas, nos subirá pensiones y becas predoctorales. Hará bajar el precio del crudo y mientras con una mano combatirá el efecto invernadero, con la otra eliminará de un plumazo las guerras mundiales. No os preocupéis pequeños, todavía le quedarán las dos piernas para, saltando repetidas veces sobre una turbina mecánica, genere la suficiente energía como para dejar de depender de la energía nuclear. Lamentablemente... esta plena dedicación ocasionará que solo le quede el culo para ocuparse de los verdaderos problemas de la gente de a pie: proporcionarnos un mundo mejor donde vivir (incluyo aquí dispensar cerveza a discreción) con lo cual y como comprenderéis tengo motivos para estar cabreado.
Quiero dejar constancia no obstante, antes de que me llaméis racista o xenófobo (el hombre cabreado no es ni lo uno ni lo otro), que un presidente rubio, cristiano, evangelista, cienciólogo, maradoniano, budista o judio, nacido en California, en Mongolia o en Palencia... utilizaría igualmente el culo para ocuparse de nosotros. Eso sí, el color del culo de cada uno y lo mullido de su pelumbrera sería diferente. Personalmente prefiero un culo blanco y bien peludo para que se ocupe de mi, pero para gustos... marcas de cerveza.
Pero bueno, dejemos elegir a cada uno el culo que quiere como presidente, yo no quiero ser protagonista de esta historia y dejo en palabras de uno de mis más admirados hombres cabreados lo que pienso respecto a la economía global.
Es del 15 de noviembre de 1998
LOS AMOS DEL MUNDO
Arturo Pérez-Reverte
Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.
Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.
Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
Amén don Arturo.
Un cabreado más.
3 comentarios:
De acuerdo, pero entonces qué? guardamos nuestro dinero debajo del colchón? Don Arturo no creo que lo haga, le saldrá más rentable tenerlo en el banco.
Ana G
Desde luego estamos en un sitema en el que es muy dificil, por no decir imposible, salirse, ni siquiera la gente que decide irse a vivir de una manera aislada, puede salirse realmente del sistema... por eso creo que lo mejor sería IMPLOTARLO, es decir cambiarlo desde el propio sistema, utilizando sus reglas... ya que una cosa buena que tiene este sistema es que se pueden dirigir las cosas desde la individualidad, y en concreto desde el consumo individual que es lo único que entiende, lo que mas se demande, será mas valorado... ¿y si lo que demandamos, en lo que invertimos son en causas, productos, socialmente justos y ecológicamente sostenibles?
Ha aparecido recientemente un índice de sostenibilidad, donde se agrupan diferentes empresas en las que se puede invertir en bolsa, y que "son" sostenibles ecológicamente, y justas socialmente (aunque la verdad sea dicha, viendo las empresas que están incluidas no tengo mucha fe...).
http://www.responsables.biz/reportajes/Fin-del-suspense:-nace-FTSE4Good-IBEX
Hay que demostrar con las propias reglas del sistema, que se está cabreao con el sistema para que implote. IMPLOTACIÓN YA
Ana G
Mirad esta Guía ConSuma Responsabilidad.
Es una guía de comercios responsables de la comunidad de Madrid: tiendas de comercio justo, revistas, librerías, centros de reciclaje...
http://www.consumaresponsabilidad.com/
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